sábado, 1 de enero de 2011

Una lección de filosofía

Comenzamos el año con una interesante historia, que escuché hace ya unos cuantos años a mi profesor de filosofía, en una clase que resultó ser muy instructiva. Una asignatura muy provechosa, y un gran profesor. Creo que la historia es de Bertrand Rusell (un conocido matemático y filósofo). Cambiamos de año, y cambiamos un poco la temática, económico-empresarial, por esta más trascendente.

Había un pavo que todos los días tomaba nota de lo que sucedía, apuntándolo en su libreta:
Día 1- Mi dueño abre la puerta a las 9 en punto de la mañana. Trae un recipiente con mi comida en la mano.
Día 2- Mi dueño abre la puerta a las 9 en punto de la mañana. Trae un recipiente con mi comida en la mano.
Día 3- Mi dueño abre la puerta a las 9 en punto de la mañana. Trae un recipiente con mi comida en la mano.


Todos los días sucedía exactamente lo mismo, por lo que, cuando el pavo ya disponía de un gran número de anotaciones, pensó que ya era suficiente, y que podría decir, con absoluta seguridad y sin posibilidad alguna de error lo que iba a pasar al día siguiente: “Mañana mi dueño abrirá la puerta a las 9 de la mañana y traerá un recipiente con mi comida en la mano”.

Al día siguiente la puerta se abrió a las 8 de la mañana (no a las 9), y en la mano del dueño había un cuchillo (no un recipiente con comida). Era el Día de Acción de Gracias.

Esta historia ilustra perfectamente las carencias del razonamiento inductivo.

Así que ya sabéis, que algo suceda un determinado número de veces, no significa que vaya a ocurrir siempre. Hay que tener en cuenta otros factores que puedan condicionar el desenlace de los acontecimientos.

Feliz año 2011.

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